
Ya son 14 años y contando. Parece que fue ayer aquel diciembre de 1997 cuando el Cruz Azul levantaba la copa que lo adjudicaba como campeón del fútbol mexicano.
Las frías estadísticas no mienten: solo un título en los últimos 30 años, millones de dólares gastados en jugadores y técnicos, y los resultados siguen siendo los mismos. Seguramente los seguidores azules niegan la realidad de lo que únicamente pasa en la cancha escudándose en las leyendas urbanas. Sí, las famosas maldiciones deportivas, esas que con el tiempo y la ausencia de campeonatos toman más fuerza.

En Boston 90 años pasaron para que se rompiera la maldición del “bambino” Babe Ruth, y es que cuando el extraordinario pelotero abandonó a los medias rojas para ir con los acérrimos rivales Yankees comenzó la mala suerte de Boston. Al menos eso creían sus aficionados al no obtener resultados deseados.
Los Cubs de Chicago también tienen su maldición de la cabra. Cuenta la leyenda que un infaltable seguidor a los Cubs asistía a todos los juegos con su cabra, un día le fue negado el acceso con su mascota, y a partir de ahí maldijo al equipo y juró que nunca serían campeones. 100 años han pasado y los cachorros no han sido monarcas en el beisbol de grandes ligas, ¿de quién es la culpa? ¿de la maldición de ese fanático? ¿o de lo que han dejado de hacer dirigentes, managers y jugadores desde entonces?
Me permití mencionar estas dos historias porque son las dos caras del mito deportivo, uno que se cumple y el otro que se rompe. En México desde hace años toma más fuerza la maldición azul y es que de algo hay que agarrarse cuando torneo tras torneo el aficionado celeste vive lo mismo.
Lo de la máquina pasa mucho por un aspecto mental, es verdad, pero también el factor suerte y un mejor fútbol en la cancha, ese que no han demostrado los cementeros a la hora que vale, en liguillas. Eso no tiene que ver con maldiciones ni cosas extrañas, pero el tiempo pasa y las maldiciones seguirán después de todo alguien tiene que ser culpable.
Maldito árbitro, maldito césped, maldito portero, maldito ordenador, maldito balón, maldito poste. A falta de resultados y sequía de títulos afortunadamente para el azul existen las malditas maldiciones.
