
El batacazo olímpico de España cayendo eliminada frente a Honduras recordó por un momento el triste pasado del fútbol ibérico: aquel en que España aspiraba a todo y nunca ganaba nada.

Las imágenes hablan por sí mismas: el barcelonista Jordi Alba, el “blue” Juan Mata y el bilbaíno Muniain gritando histéricos, increpando y a punto de perder la cabeza frente al árbitro venezolano Juan Soto por un penal que debió cobrarse a favor de la Roja. El promisorio portero del Manchester United, De Gea, a nada de recibir un autogol de primaria a pase de su compañero Domínguez. Rodrigo, delantero español del Benfica, estrellando un cabezazo insólito al travesaño desperdiciando una ocasión inmejorable para empatar y seguir con vida. El silbante decretando el final del partido y ahí, de nuevo a su acecho, la jauría española conformada por Alba y Muniain a reclamar el penal que debió ser.
Esa era la película tradicional de España antes de comenzar la inercia triunfadora que los llevó a conquistar dos Euros y un Mundial. La película de la España que prometía y que nunca ganaba nada. Una película en que los fracasos se solían explicar porque los jugadores españoles eran genios con sus clubes que fallaban con la selección, porque en su liga había demasiados extranjeros, o porque había una “conspiración” de la FIFA o de la UEFA para quitarles o ponerles penales, fueras de juego o expulsiones que terminaban por mandar a la Roja de vuelta a Madrid.
Ahí está la España que fue acuchillada por el árbitro Al Ghandour frente a Corea en el Mundial del 2002. Los que frente a Honduras el domingo eran Jordi Alba, Muniain y Juan Mata queriendo comerse vivo al juez; hace diez años en Corea eran Iván Helguera, Fernando Hierro y Rubén Baraja. El David De Gea del domingo que cerca estuvo de encajar un autogol increíble, en 1984 se llamaba Luis Arconada equivocándose terriblemente en el gol de Michel Platini para que la “Furia Roja” viera cómo Francia se quedaba con aquella Euro en el Parque de los Príncipes.
Y aunque los errores arbitrales y las equivocaciones apocalípticas de los jugadores españoles en momentos clave construían ese triste pasado, nada dolía más que ver generaciones doradas marcharse a casa con las manos vacías.
¿Quién no recuerda la España de finales de los 90s de los grandes nombres de Fernando Hierro, Luis Enrique, Morientes, Raúl y Pep Guardiola? Esa generación que en Francia 98 cayó eliminada en primera ronda frente a Paraguay, y que perdió en penales en las Euros del 96 y del 2000 frente a ingleses y franceses respectivamente. Esa España que nunca ganó nada.
No obstante, esa España es parte del pasado. Debió ser otra generación dorada -la de los Puyol, Ramos, Casillas, Xavi, Iniesta, Torres y Villa- la que se levantó de su propia experiencia de derrota para alcanzar la gloria. Aquella derrota en la que Zidane y su magia mandaron de regreso a casa a los entonces dirigidos por Luis Aragonés en octavos de final del Mundial de Alemania. Y justo después de ese momento de frustración en 2006, comenzó a escribirse la leyenda de la selección más ganadora del mundo del fútbol en lo que va del siglo 21. La España de las dos copas de Europa y una copa del Mundo.

El batacazo olímpico de la “Rojita” recordó cómo era la España de los sueños frustrados. Hemos estado tan acostumbrados a la Roja avasallante, superior y dinámica de los últimos tiempos, que la eliminación de Londres 2012 nos recuerda que España también es capaz de fallar estrepitosamente.
Este fracaso sub-23 para España debe ser una advertencia a futuro: la médula espinal de Casillas, Ramos, Piqué, Iniesta, Xavi y Torres no estará ahí para siempre. Puyol y Villa ya están emprendiendo el natural camino de salida de la selección y esto debe abrir el debate sobre el recambio generacional.
¿Quién sustituirá a Xavi como el orquestador? ¿Quién cubrirá el hueco que deje Casillas en la valla? ¿Quién será el delantero de confianza si Torres prolonga su bajón? ¿Qué nuevas formas de jugar adoptará España ante equipos que descubran cómo romper su “tiki-taka” tradicional?
Esas son algunas de las preguntas que trajo para la selección mayor de España el fracaso de la olímpica en Londres. Son las preguntas que se vuelven obligadas precisamente porque el fantasma de la España que nunca ganaba nada se le apareció el domingo a la España que siempre lo gana todo.
