
Después de años de alabanzas a la cantera chiva por su producción de jóvenes promesas, Raúl Alonso Jiménez finalmente levantó la mano por el nido azulcrema. Juegue o no mañana en Wembley, para Jiménez es claro que el cielo es el límite.

¡Marco Fabián! ¡Cubo Torres! ¡Carlos Fierro!... ¡Chicharito Hernández! La irrupción de cada novel goleador del Guadalajara suele levantar esperanzas y grandes pronósticos no sólo entre la afición rojiblanca sino entre la mexicana en general. ¿Y cómo no iba a ser así después de la intempestiva aparición de Javier Hernández en el Man United? Ganarse la confianza de Ferguson no lo logra cualquiera y si no preguntémoselo a Berbatov.
Y mientras tanto en la vereda de Coapa han sido años difíciles para la cantera águila. En un club presionado por una tradición que lo obliga a ganar títulos -y con una directiva con tanto dinero para contratar jugadores como impaciencia por ver resultados- dar oportunidades para centrodelanteros hechos en casa no es cosa diaria.
Enrique Esqueda, Dani Márquez, Tony López (quien se fue a sufrir al Puebla y ahora está de regreso) pueden confirmar que la camiseta amarilla pesa y mucho. Más para mal que para bien así es el América. “¿Eres delantero y no metes suficientes goles? Al fondo a la derecha está la puerta de salida”.

Paradojas de la vida. Ese mismo ambiente de presión y resultadismo excesivo que le quita oportunidades a los jóvenes americanistas causó la aparición de Raúl Alonso Jiménez. Era el desastroso clausura 2011, Michel Bauer había despedido a Carlos Reinoso, colocado a Alfredo Tena en el timón y las águilas ya se habían despedido de la liguilla. Los azulcremas jugaban contra Puebla en un Azteca semivacío pidiendo a gritos la salida de Bauer. Tena –técnico de las fuerzas básicas- sentó a Matías Vuoso y colocó de titular a Jiménez junto a “Chucho” Benítez. América perdió nuevamente: 3-2 a favor de los de la Franja.
Sin embargo el primer gol del América fue una pintura. Jiménez recibió un pase de Benítez fuera del área y, de espaldas al arco, en fracción de segundo se volteó y fusiló desde su ubicación al “Mostro” Álvarez. Ese juvenil tenía el arco grabado en la mente.
El segundo gol de su carrera con las Águilas –y el último por cierto- fue muy similar al primero: Jiménez hace un pique de 70 metros para acompañar al “Chucho” en contragolpe frente a Xolos, recibe del ecuatoriano y se lleva el gato al agua frente a Cirilo Saucedo.
Con dos goles oficiales en su corta carrera con el América ¿Cómo puede ser posible que Jiménez esté en el Tri olímpico en detrimento de Alan Pulido o el mismo “Cubo” Torres?
Es claro que Jiménez hoy está en Londres gracias a que Alfredo Tena debió recomendarlo a su hermano Luis Fernando para llevarlo al Esperanzas de Toulon. Y ahí Raúl Alonso le comió el mandado a Pulido. Pero eso no responde la pregunta.
Jiménez está en la selección porque ahora es mejor que Pulido y Torres. Y es mejor porque su gran cualidad es que sabe decidir qué hacer con y sin el balón. Condujo lo que había que conducir y pasó la pelota cuándo había que dársela a Paul Aguilar para que el América anotara el gol del gane frente a las Chivas en el último clásico. Se pegó un pique de setenta metros para apoyar a Giovanni en la última jugada frente a Corea del Sur en Newcastle, recibió, controló a velocidad, le rompió la cintura a un coreano y disparó con parte interna para reventar el balón en el poste izquierdo del impávido cancerbero asiático. Qué fácil es decirlo.
Lo mismo ocurrió el sábado contra Senegal en tiempo extra: el balón salió despejado del área tricolor, Jiménez se echó a correr sin parar para perseguirlo, el líbero senegalés se equivocó, Jiménez bombeó y el arquero Mané lo tapó con la mano fuera del área. El árbitro otorgó ley de la ventaja porque Herrera estuvo ahí para rematar y sellar el boleto a semifinales frente a Japón.
Se podría decir que Jiménez tiene grandes condiciones técnicas y físico-atléticas y todo sería cierto. Pero Jiménez también tiene el plus “táctico”, es decir, sabe decidir qué necesita cada jugada en el momento preciso. Conducción, pase, recorte, tiro de media distancia, botarse fuera del área, jugar como referencia para jalar marca, bajar a defender un tiro de esquina y estar preparado para correr cien metros planos como Usain Bolt cuando el balón sale despejado, etcétera.
Se trata de un delantero académico al que el palo contra Corea y una mano ilegal del portero senegalés le robaron el grito de gol. Ambas hubieran sido grandes anotaciones.
Afortunadamente, los técnicos que lo han dirigido en el América y en la selección lo han llevado bien dándole la suplencia. Pero en su cabeza debe tener presente que la suya es una posición ingrata y más en un ambiente devora-delanteros como el que se vive en Coapa. Lo duro apenas está por comenzar. El canterano azulcrema alza la mano.
