
Los números del Tri del Chepo de la Torre son elocuentes: 12 puntos obtenidos de 12 puntos posibles. La selección gana y aún así el periodismo nacional sigue quejándose. Si se quiere mejorar el nivel es hora de elevar la competencia: México a la Conmebol.

Tras la victoria de la Selección Mexicana sobre Costa Rica por la mínima diferencia, ciertos sectores de la prensa nacional se llenaron de quejas sobre el estilo del Tri. Que si el Chicharito exageró con su celebración, que si el Chepo se equivoca al jugar con dos centro delanteros, que si Costa Rica era para endosarle una goliza, que si el juego no gustó. Etcétera, etcétera, etcétera.
Es momento de que directivos, jugadores, entrenadores y fanáticos mexicanos pongan los pies sobre la tierra. Esto es la Concacaf, y por todas las críticas que se hace desde México al nivel del área a veces pareciera olvidarse la gran ventaja que implica formar parte de ella: estar en Mundiales cada cuatro años ininterrumpidamente desde 1994 y contando.
Por ello es momento de pasar de las palabras a los hechos. Si para el entorno mediático de México las victorias oficiales de la selección en la Concacaf nunca serán suficientes, entonces hay que mudarse a la Conmebol. Agarrar al toro por los cuernos y darse cuenta que la única forma de elevar el nivel de juego es compitiendo en los escenarios más exigentes posibles, en las eliminatorias sudamericanas.
De lo contrario, México seguirá calificando –con o sin turbulencias- a los Mundiales desde la Concacaf y al llegar a octavos de final Argentina echará al Tri de la competencia como es costumbre desde 2006.

Desde luego que la participación de México en la Conmebol no es una idea suicida. Con dos campeonatos mundiales sub-17, un tercer lugar en mundial sub-20 en 2011, y la medalla de oro olímpica con un representativo sub-23; el sistema de selecciones menores mexicanas está sólido. Hay nivel para competir en Sudamérica al tú por tú y luchar por conseguir uno de los boletos mundialistas que entregue la Conmebol.
Desde lo deportivo el reto es fascinante. Imaginemos que la selección vaya a jugarse la vida al Morumbí de Sao Paulo abarrotado de torcedores contra Brasil. O que México se meta al Monumental de Núñez en Buenos Aires para plantarle cara a la Albiceleste. Ir al mítico Centenario de Montevideo en Uruguay, a los 45 grados centígrados de Barranquilla a aguantar a la Colombia de Falcao, a la altura del Atahualpa de Quito en Ecuador o a Santiago de Chile a vérselas con “Chupete” Suazo y Alexis Sánchez.

A cambio, el fanático del Tri tendría la oportunidad de ver desfilar en el Azteca a Messi, Agüero, Higuaín, Suárez, Cavani, a Hulk o a Neymar entre otros grandes futbolistas sudamericanos. Por supuesto que la Ciudad de México no sería una aduana sencilla para ningún rival: la altura del DF, el calor y el monstruo de 110 mil cabezas serían el valioso jugador número 12 de la selección mexicana.
A partir de las eliminatorias sudamericanas, México podría llegar más curtido a los Mundiales. Jugar con Argentina en octavos no sería un fenómeno de una vez cada 4 años en que un golazo de algún genio albiceleste o una equivocación arbitral –como ocurrió en 2006 y 2010 respectivamente- desequilibren la entereza mental de los seleccionados aztecas y den al traste con todo.
Obviamente el que la selección mexicana se elimine para los Mundiales en Sudamérica traería consigo la alta posibilidad de no calificar de vez en cuando. Y ese riesgo es uno que los dueños del balón y la prensa en México no están dispuestos a correr.
Ahí es cuando los 12 puntos obtenidos sobre 12 puntos posibles no admiten debate. Ahí es cuando jugar en la Concacaf no parece tan mala idea después de todo. ¿O no?
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